Cristina lleva cinco años viuda. Su amiga la veía recomponerse poco a poco, pero aún la veía triste muchas tardes y se empeñaba en presentarle hombres distintos de los que ella siempre encontraba aburridos y tontos.
- Si no los quieres para que escriban una tesis. ¿No extrañas el sexo?
- ¿El sexo?- dijo Cristina-. Eso, mira, se te olvida.
Caminas, haces yoga, te masturbas. Pero la conversación.
¿Cómo construyes veinticinco años de conversación? Eso no se suple. Para eso no hay remedio.
[Ángeles Mastretta; Maridos]
06 septiembre, 2008
04 septiembre, 2008
Tu perpendicular mirada se pierde en el escote de mi espalda y sube por el cuello. [salivas en secreto]
-No mires-, te digo esperando que no dejes de hacerlo, y con la extraña certeza de que tus labios pronto arrebatarán el lugar de mi sostén.
-No puedo dejar de hacerlo-, susurras mientras muerdes la sábana que oculta tu calor encendido.
Nada termina como planeamos, pero todo empieza mejor de lo esperado.
-No mires-, te digo esperando que no dejes de hacerlo, y con la extraña certeza de que tus labios pronto arrebatarán el lugar de mi sostén.
-No puedo dejar de hacerlo-, susurras mientras muerdes la sábana que oculta tu calor encendido.
Nada termina como planeamos, pero todo empieza mejor de lo esperado.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)